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Como persona espontánea entre lo espontáneo que soy, sin pensarlo, te di un beso en la mejilla. Y por ello, te vi sonreír a medias.
Mereció la pena la espera por sacarte esa sonrisa.
Como persona espontánea entre lo espontáneo que soy, sin pensarlo, te di un beso en la mejilla. Y por ello, te vi sonreír a medias.
Mereció la pena la espera por sacarte esa sonrisa.
Yo siento en el pecho el baile enloquecido del fuego.
[Por tí, por tí, por tí…]
Quiero que llegue ya la hora en que te vea. Que pase rápido el tiempo y llegue ya ese momento. YA.
Y cuando te vea, que el tiempo me haga el inmenso favor de detenerse, que pase lento, recalcando los detalles de tu sonrisa, tu barba de tres días, tus ojos marrones, tus manos, y tu voz profunda y serena.
Quiero que me de tiempo a recoger todo eso en frasquitos pequeños, para cuando no estás…..
Una vez, si mal no recuerdo, me tenías en la punta de los dedos. Las secuelas de los viejos días estarán conmigo el resto de mi vida.
Y así, infinitamente…..
Te miro a los ojos, y sólo siento que quiero perderme en ellos el resto de mi vida…
Nos mirábamos directamente a los ojos, achinados por la risa. Creo que estábamos perdidos. Nos perdimos al decir “te he echado de menos”, nos perdimos al confesar “te buscaba por las mañanas”, nos perdimos en la luz de un 14 de febrero. Y hablando de perder, yo sólo espero no perder arte en darte la mano al pedirte que vuelvas por mí.
“¡Mira quién ha venido a visitarnos!” Me grita Manu, sonriente.
Me giro ágil, y te miro. Tu pelo despeinado, tu jersey de lana, los vaqueros negros, y las Camper de siempre. Todo en perfecta armonía. Parecía que nunca te hubieras ido. Y sentí la calidez en el pecho.
Y vámonos lejos, que nos lo pide el cuerpo. Vámonos de cañas, a sonreírnos todo lo que no nos sonreímos desde hace dos semanas. Creo que nos lo debíamos. Para que nuestra risa fuese espectáculo, debíamos actuar. Let it flow.
Y mi risa salía sola, por y para tí. Fluía entre mis labios, como si siempre hubiese querido irse contigo. Así de fácil. Así de simple. Te habría dado todo. Sin dudas, sin reservas. Todo, por verte sonreír así el resto de mi vida.
La peor sensación de todas es sentir que aún estás sin que estés realmente. Tu despacho sigue donde estaba, con tu nombre en la puerta, como si tuvieras tu santuario ahí.
Hoy di mis primeros puntos, mis primeros nudos.. todo nacido de lo que empezaste tú. De lo que tú creaste de la nada. No podías estar a mi lado, pero estuviste en mi mente en cada segundo de la tarde. Deberías haber sido tú. Tú, y tu mano firme dándome la seguridad que me faltaba.
Y te eché, para variar, infinitamente de menos.
Caminé por los pasillos y noté una vez más que no estabas. Que me faltaba algo y que todo me sonaba a rutina y a hastío. A algún tipo de canción de invierno. Me recreé de nuevo en la última vez que nos vimos. Bailábamos algún tipo de danza extraña e inventada, acompasada pero sin equilibrio. No existió el tiempo ni el espacio en un radio de tres metros de distancia. Tú apoyaste la cabeza sobre mi hombro y nos dejamos llevar al compás de una canción imaginaria. Tuvimos tanto calor y tanto miedo entonces. Con aquel vestido bailamos la última vez. Bailamos el baile del si tú te vas, me voy contigo.
Mi suerte está empezando a cambiar porque te he conocido.